martes, 22 de julio de 2014

Jules Rimet: El oro más codiciado del futbol



Su capacidad de correr y volar la hicieron un arma eficaz para la guerra. Niké, diosa de la victoria, no se limitaba simplemente al conflicto bélico, sino que se convertiría en el símbolo favorito de los atletas.

Bajo el sueño de cada campeón, existe la ambición y el deseo de la victoria. Preparado el Mundial de Uruguay 1930, el representante de la FIFA, Jules Rimet, decidió que en cada Copa del Mundo se entregaría un trofeo especial que quedaría en poder de la nación vencedora durante cuatro años, hasta la siguiente competencia.

Con oro puro de 18 quilates y montada en base de piedras preciosas, la creación del trofeo estuvo encargado al escultor Abel Lafleur, quien diseñó una copa con la figura de la diosa griega de la victoria Niké.

El trofeo estuvo en juego nueve veces, hasta que Brasil se la adjudicó en México 1970. Tras salir vencedor de la Copa del Mundo en tres ocasiones. Una serie de eventos extraños marcaron la historia de la memorable ‘Jules Rimet’, nombrada así en honor al dirigente francés.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial, después de celebrarse la Copa del Mundo en Francia 1938, donde el equipo italiano venció a Checoslovaquia en la final, se decidió resguardar el trofeo dentro de un banco romano; sin embargo, con la ocupación nazi en Italia, el vicepresidente de la Federación, Ottorino Barassi, la retiró de la entidad bancaria para resguardarla en una caja de zapatos bajo su cama. El objetivo era evitar que fuera hallada por los alemanes. Unos años después, fue el mismo rector italiano quien la entregó a los responsables de la FIFA.

A pocos meses del inicio del Mundial, precisamente el 20 de Marzo de 1966, la tienda londinense Westminster fue testigo de la desaparición de la figura dorada, lo que ocasionó que la Football Association encomendara a Alexander Clarke la realización de una copia del premio. Sin embargo, siete días después de que Clarke asumiera esta tarea, un perro de raza collie, que correspondía al nombre de Pickles, encontró la copa envuelta en periódicos en un jardín del suburbio Beulah Hill, hecho que no pasó desapercibido. El canino fue nombrado héroe nacional.

Con el paso del tiempo, el trofeo arribó a tierras amazónicas, luego de que Brasil venciera a Checoslovaquia en la final de la Copa del Mundo México 1970. Fue entonces cuando el trofeo desapareció por tercera ocasión. El gerente de banco, Antonio Pereyra, el decorador José Luis Vieira, el ex policía Francisco José Rivera y el joyero argentino Juan Carlos Hernández, decidieron dar el golpe maestro luego de observar que la copa se encontraba dentro de un aparador fácilmente vulnerable. Inmediatamente después del valiosos robo, la Jules Rimet se convirtió en lingotes de oro que fueron desapareciendo en el mercado negro carioca. Poco tiempo después, los cuatro sospechosos fueron capturado y enviados a prisión.

Después de tan desastrosos acontecimientos, la FIFA tomó nota de los incidentes y en la siguiente edición del Mundial 1974 decidió que la nueva copa no se entregaría al país ganador. Ésta última fue diseñada y producida por el italiano Silvio Gazzaniga. A partir de entonces, sólo se otorga una réplica al ganador, mientras que la original se encuentra en las oficinas de Zurich, Suiza.

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