miércoles, 23 de julio de 2014

Mascherano y diez más…


Las palabras de Diego Armando Maradona fueron claras. “Mascherano y diez más…”. Tal vez sea la declaración más coherente del 10 argentino en los últimos años, pero quién mejor que él para definir a un verdadero comandante del campo.

Mascherano es el vil reflejo de lo que es el futbol para los argentinos, incluso podría decirse que Javier es Argentina. Su trabajo en el medio campo no se compara con el de  cualquiera. Poco vistoso pero bastante efectivo.

Su carácter, garra y corazón lo han caracterizado desde sus inicios como futbolista. Su mejor testigo fueron los polvorientos campos de la  Cerámica San Lorenzo y Barrio Vila. “Él iba a ser jugador cueste lo que cueste. A dónde iba a llegar, no sabía” sentenció Don Oscar Mascherano, su padre.

Su talento nunca pasó inadvertido, y con tan sólo 14 años llegó a la selecta Escuela de Futbol Renato Cesarini. Fue entonces que el rosarino entendió que su futuro se encontraba lejos de su familia, y así se mudó a Buenos Aires.

El 2003 se convirtió en el año más importante en la vida de Javier, pues formaría parte del Club Atlético River Plate. En tan sólo dos temporadas se volvió  referente del equipo. Disputó 46 partidos. Suficientes para ganar la admiración de propios y extraños.

El primer sueño del juvenil estaba por llegar. Sin pisar aún los campos de primera, fue convocado por Hugo Tocalli a las inferiores de la Selección albiceleste. El 15 de Diciembre de ese año, Argentina quedó eliminada en la semifinal del Mundial Sub-20 por Brasil. Inconsolable comprendió el verdadero amor a una nación. “Esta camiseta representa mucho para mí, es difícil de explicar”, declaró Javier entre lágrimas.  

Su llegada a la máxima categoría sólo provocó que los ojos de otros clubes estuvieran sobre él, incluso de otros países. En ese momento Europa no parecía ser la mejor opción, así que se enfiló para vestir los colores del Corinthians de Brasil. La experiencia no fue nada grata. La vida le daría el primer gran golpe al fracturarse el pie izquierdo, lesión que lo alejó seis meses de la canchas. La inactividad fue la bomba que detonó una relación insostenible entre Mascherano y el entrenador Emerson Leao. Ante la imposibilidad de seguir en los planes del club, decidió emigrar al viejo continente, acompañado de otra gran promesa argentina, Carlos Alberto Tévez. 

El club londinense West Ham sería la casa del el jefecito durante seis meses, además se convertiría en la puerta de salida a un futuro prometedor. Sin embargo, su adaptación al futbol inglés no fue lo que se esperaba. Javier Mascherano no pasó de ser más que un suplente de lujo. Tras meses de inactividad, optó por abandonar The Academy of Football, pero su pase fue truncado. La FIFA le negó el pase debido a que un jugador no puede militar en tres clubes en una misma temporada.

La espera fue larga pero llegó. Anfield lo recibió en su brazos un 27 de Febrero del 2007, mismo año en que llegaría a la final de la Champions League, la cual perdería 2-1 frente al Milán. Se convirtió en la base del Liverpool de Rafa Benítez durante más de tres años. La ambición de Mascherano creció exponencialmente, no así la del club londinense, el cual se encontraba en serías dificultades económicas.

La brújula del trotamundos argentino marcó un nuevo horizonte. Un acuerdo entre el club catalán y los Red’ permitió que el rosarino se pusiera a las órdenes del entrenador español, Pep Guardiola. El mediocampo del Camp Nou tuvo un nuevo dueño. Pareció que el Barça y él estaban hechos el uno para el otro, pues con el club blaugrana  conquistó la Liga, la Champions League, la Copa del Rey y la Supercopa de Europa. Su versatilidad lo han hecho que pueda adaptarse en distintas posiciones.

Su llegada a la Selección mayor se dio de la mano de Marcelo Bielsa en el 2003. Ganó los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y Beijing 2008. Participó en el Mundial de Alemania 2006 bajo las órdenes de José Néstor Pékerman, pero fue eliminado por el anfitrión. La albiceleste pidió a gritos ser manejada por la Mano de Dios, con la firme ilusión de que Diego Armando Maradona hiciera recordar a esta nueva generación lo que en mundiales pasados emuló. Eligió al mejor guía. Cuestionado por muchos por su bajo perfil y pocas palabras en el campo, Javier Mascherano demostró su valía .“No me gusta hablar tanto, predico mejor con el ejemplo”, declaró el 14 argentino cuando se enteró que Maradona lo había elegido como capitán para el Mundial de Sudáfrica 2010.       
   

El Mundial de Brasil se presentó como una posibilidad de coronación para Argentina, así mismo la consagración de el ídolo de multitudes, Lionel Messi. El 10 argentino fue elegido por Sabella como el pastor del equipo, aún después de que varios compañeros apoyaban la continuidad del jefecito como capitán. Pero un verdadero capitán no se marca con la pequeña cinta que se cuelga del brazo. Un verdadero capitán es el que motiva a sus compañeros, el que demuestra en cada jugada la determinación y el deseo de querer ser campeón. Su trabajo se convierte en algo invisible para el futbol de hoy, pero tan efectivo que puede calificarse como a un auténtico gladiador dentro del campo. Capaz de devolver la respiración a cada fanático argentino en cada barrida. Ese es el verdadero capitán sin cinta. Indescriptible. Tenaz. Con el corazón clavado en un sentimiento, y con la firme convicción de algún día poder llevar a la Argentina a ser Campeón.       

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